Caaporá – Malena Sabino I 2026

Desde diversas formas de lo contemporáneo, Ezequiel Black, Alejandro Brave, Paulín González Villán / Paux, Luciana Rondolini y Magdalena Trucco vuelven sobre estas piezas mediante una operación de lectura anclada en sus propios procesos estéticos y en la interacción entre tres dimensiones de lo contemporáneo: cuerpo, memoria y territorio.

Por un lado, Ezequiel Black se vale del brillo como artificio neobarroco para potenciar la dimensión ritual de la vida actual. Se trata de un recurso que reconfigura las formas originales de las máscaras y los rostros pintados de Caaporá, al tiempo que señala el sentido de la fiesta a partir del rastro que deja la experiencia contemporánea de la pista de baile y sus emblemáticas “bolas de discoteca”. Sus obras funcionan como dispositivos espaciales inmersivos integrados en un continuum entre cuerpo, objeto y entorno. Una dimensión donde lo ilusorio, lejos de disiparse, se vuelve condición de acceso a lo sensible y a lo simbólico.

En las pinturas de Alejandro Brave, territorio, corporalidad y mito confluyen desde una comprensión del color como lenguaje ritualizado. En su propuesta, la vibración del pigmento se organiza en manchas abstractas, mientras el mito guaraní presente en los personajes, los paisajes y las series de rostros pintados de Caaporá, se reconfigura como un archivo vivo: un método para pensar de manera renovada nuestra herencia latinoamericana. La repetición de estructuras formales y la variación de combinaciones cromáticas producen un sistema visual abierto, cercano al lenguaje del signo y de la memoria. En este sentido, la obra propone una reflexión sobre el color como construcción cultural y como vehículo de una sensibilidad americana que atraviesa tanto las vanguardias históricas como las prácticas contemporáneas.

En el caso de Paulin González Villán / Paux, las obras que presenta en esta propuesta forman parte de su propio proceso de lectura frente a una herencia cultural personal que lo interpela en su entorno identitario. La naturaleza disidente de su postura se hace evidente en los procedimientos que elige para tomar posición frente a la herencia de Caaporá. Tal es el caso del uso de pigmentos ajenos a la oferta comercial, priorizando tintes obtenidos de la naturaleza circundante, como la cáscara de nuez. En los pañuelos presentados a modo de políptico, estos tintes, junto con el procedimiento del bordado que define las formas antropomorfas y zoomorfas de cada pieza, constituyen una toma de posición frente a la hegemonía institucional y del mercado.

Al tomar como punto de partida piezas escultóricas de culturas originarias, Luciana Rondolini articula una secuencia que le permite pensar lo femenino como territorio de memoria, ritual y transformación. En estas obras aparecen trazos de enduido que atraviesan los cuerpos ancestrales como recurso expresivo de la violencia de la mirada contemporánea. Se trata de gestos que cancelan esas “disidencias” culturales. Entre la fragilidad del dibujo y la materialidad de las formas, la obra propone una reflexión sobre las persistencias simbólicas del pasado y las disputas que atraviesan la representación de lo femenino en el presente.

En cuanto a Magdalena Trucco, el uso de materiales orgánicos le permite dar cuerpo a una intuición más que a una realidad tangible: como en todo sistema de pensamiento simbólico, el mito de Caaporá habita más allá de nuestra percepción empírica; “nunca está del todo aquí ni del todo allá”, explica la artista. De ahí que el junco trenzado le posibilite expresar esa idea de porosidad que está en el núcleo de toda narrativa mítica y simbólica y que, en este caso, ancla en el monte y la selva misionera. En sus misterios, así como en sus especies animales y vegetales, encuentra la clave de su obra. La instalación que presenta aquí opera, tal como ocurre en el ritual, a modo de mediación entre lo que vemos y aquello que intuimos.

El conjunto de las obras expuestas construye memoria, cuestiona el poder, produce pensamiento y genera sensibilidad. Estas corporalidades disidentes se abren a un espacio de transformación cultural donde se inscriben las tensiones propias de aquella modernidad latinoamericana que Caaporá procuró aprehender. No se trata de reconstruir el pasado, sino de habitarlo en la memoria del presente.

Malena Babino, mayo de 2026